El gobierno popular ha vuelto a perder una subvención cultural

El gobierno popular no ha conseguido una subvención cultural de la Generalitat Valenciana para la promoción del uso del valenciano. El Ayuntamiento de Onda ya perdió una subvención cultural, por valor de 19.500 euros, que la Generalitat Valenciana le había concedido en agosto de 2011

¿Quién paga los caprichos del alcalde?

100.000 euros al año para pagar sus tres asesores y el alcalde sigue “mandando”, que no gobernando, a golpe de talonario.

Reivindicamos la puesta en marcha del Plan de Igualdad

El PP de Onda incumple una promesa electoral y la Ley al no activar el Plan de Igualdad de oportunidades, tras más de quince meses gobernando en el Ayuntamiento.

El alcalde sigue mintiendo sobre la deuda del Ayuntamiento y destapa posibles problemas con las facturas telefónicas

El PP de Onda maneja la información contable del Ayuntamiento según le interesa, para desprestigiar al anterior equipo de gobierno y recaudar más.

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lunes, 13 de septiembre de 2010

Socialistas de Onda, preparados para superar las dificultades.



Analizar esta tabla podría suponer frivolizar sobre la difícil
situación que atraviesan muchas familias valencianas. Para los socialistas
de Onda lo primero son las personas, ninguno de nuestros militantes descansará mientras hayan ondenses que no encuentren trabajo.

Dicho esto sí que nos gustaría dejar claro que en esta tabla se observa
con claridad que Enrique Navarro Andreu no es el alcalde del paro como
aseguran los populares locales y que la situación en nuestra ciudad
está mejorando y mejorará debido a que tenemos infraestructuras adecuadas e incentivos de carácter regional y local que hacen más atractivo invertir en Onda que
en otros municipios del clúster cerámico; esto puede corroborarse
entrando a la web del ayuntamiento de Onda www.onda.es.

Es esta tabla también un ejemplo claro de que las más de 100 medidas de
apoyo al empleo que dice haber presentado el presidente de los
populares locales Salvador Aguilella son medidas en su mayoría
inviables.Es evidente que viendo la tabla se deduce que otros alcaldes del
Partido Popular no las conocen o las han desestimado, porque de
haberlas puesto en práctica el resultado salta a la vista.

Desde la agrupación socialista no podemos tolerar que el Partido
Popular enarbole la bandera del empleo, por qué esta es una acción
destinada al fracaso, basta ver la dejación que el Consell ha hecho de
sus totales competencias en materia de políticas activas de empleo o la
total inacción de la Diputación que han llevado a que la provincia de
Castellón lidere la destrucción de empleo.

Para los socialistas de Onda es necesario hacer llegar a todos los
rincones la verdadera situación de nuestra ciudad, que dista mucho de
esa imagen catastrófica que presentan los populares de Onda y que dicho
de paso no sólo no es cierta sino que supone una pésima imagen para
aquellos que quieran invertir en nuestra ciudad. Esta es una muestra
clara de que el PP de Onda antepone sus intereses a los de los ondenses.


No sabemos quien dará (o ha dado) la salida al tren de la recuperación,
de lo que estamos seguros es que ese tren pasará por nuestra estación.

Secretaría de Comunicación PSPV de Onda.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Usted, ¿qué formación tiene?

Cada vez que un desempleado se enfrenta a una entrevista de trabajo, con la presión de los días que lleva parado y la necesidad de un sueldo que tienen tanto él como su familia, esta es la pregunta clave que le va a formular el empleador.
La mayoría podrían contestar que pueden hacer cualquier trabajo, pero el empleador les volvería a preguntar lo mismo. Los recursos humanos son y deben ser el recurso más valioso de una empresa y al igual que toda la tecnología necesita de un plan de mantenimiento, las personas necesitamos formarnos y reciclarnos.
Es pues evidente lo necesario de la formación, pero la formación no debe ser una acción compulsiva sino más bien el fruto de un estudio de las necesidades del mercado y de las aptitudes de los parados. Es pues necesaria la acción de un orientador para optimizar el esfuerzo a realizar.
Si aceptamos, como no puede ser de otra manera, que las empresas son las que contratan y la Generalitat Valenciana la que posee todas las competencias en políticas activas de empleo, ¿Qué les quedaría a los Ayuntamientos? Dos cosas, atender con ayudas sociales a los que peor lo están pasando e incidir en la formación.

Si un ayuntamiento hubiera dedicado más de un millón de euros para ayudas sociales y en los últimos meses hubiera impartido formación a casi un millar de personas, podríamos afirmar que su equipo de gobierno está trabajando en el camino correcto.
Una formación basada en las necesidades de las empresas, necesidades que los técnicos de este ayuntamiento han conocido visitando más de 500 empresas.
Por eso en la agrupación socialista de Onda estamos orgullosos del trabajo de los técnicos y del equipo de gobierno de nuestra ciudad, Un equipo de gobierno, mayoritariamente socialista, que ha apostado por la formación con el objeto de dotar a los desempleados de nuestra ciudad de un elemento diferenciador a la hora de encontrar trabajo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El PP me “debe” 4000 €


El pasado mes de diciembre fui padre y, sin duda alguna, se convirtió en la experiencia más gratificante de mi vida. No obstante, no es cierto eso de que los niños vengan con un pan debajo del brazo, y como muchos otros padres, recibimos con alegría el “Cheque-bebé” de 2500€, que nos vinieron muy bien para afrontar los gastos que la situación conlleva.

Desafortunadamente para afrontar la crisis, una de las medidas que el Gobierno de España va a retirar es la del “Cheque-bebé”. Creo que es una pena, como también lo son otras medidas, pero parece que la situación lo exige.

Lo curioso del tema es que el PP de Francisco Camps prometió a los valencianos que si ganaba las elecciones del 2007, el Gobierno valenciano daría 4000€ adicionales de “Cheque-bebé”. Si bien es cierto que ZP ha tenido que retirarlo, Camps no cumplió con su palabra ni en época de bonanza ni en la de crisis, ¿se lo gastaría en trajes? Ah no, que los trajes se los regalan…

El caso es que ahora el PP de Onda se vuelve a marcar un tanto de lo más oportunista, prometiendo que si ganan las próximas elecciones locales darán 2500€ de “Cheque-bebé”. Una muestra más del oportunismo y la demagogia que los caracteriza, ¿cómo vamos a creernos esta promesa de un partido, el PP, que en 2007 se abstuvo para aprobar el “Cheque-bebé” del PSOE y mintió sobre el “Cheque-bebé” valenciano? En cualquier caso su “promesa” me hizo recordar que el PP valenciano me debe esos 4000€, ¿a dónde puedo dirigirme para cobrarlos?

¿Realmente les preocupa la gente joven y la natalidad? ¿O una vez más aprovechan cualquier circunstancia para intentar arañar cuatro votos? Sea como sea, muy desesperados deben verse en el PP de Onda por ganar las elecciones cuando se tiran de cabeza a por medidas más de izquierdas que de derechas con tal de ganar rédito.  

Juanjo Rubio

viernes, 8 de enero de 2010

Corrupcion en Castellón: La serie

viernes, 25 de diciembre de 2009

¿SOLIDARIDAD?

¡Cómo son los liberales! Espe cobra a los ancianos que están solos por comer en compañía.

Seguro que del presupuesto de representacion de la comunidad podia extraer unos euros para invitarlos, GRATIS, como se hacen las invitaciones.

Aguirre 'invita' a comer (por 10 euros) a 130 mayores solos

En lugar de ir 'de gratis', los 'invitados' tendrán que abonar 10 euros para no comer solos en Navidad


Una navideña imagen de Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid.
EUROPA PRESS - Madrid - 25/12/2009 11:07

La Comunidad de Madrid ofrecerá hoy una comida especial para 130 personas mayores que pensaban pasar el día de Navidad solos, con el fin de que puedan celebrar estas fechas en compañía y disfrutar, no sólo con el menú, sino también con una pequeña fiesta tras la comida.
Este festejo especial tendrá lugar en el hotel Husa Chamartín y a ella acudirán los mayores que se hayan apuntado a través de los 32 centros de mayores de la Comunidad de Madrid tiene repartidos en toda la región. Este festejo correrá a cargo de la Consejería de Familia y Asuntos Sociales que dirige Engracia Hidalgo y por ella los mayores aportarán un coste simbólico de 10 euros.
Con esta iniciativa, la Consejería "no pretende sustituir a las familias sino llegar donde éstas no pueden llegar y mejorar la calidad de vida de las personas mayores, ofreciéndoles compañía en momentos tan especiales como estas fechas", señala en un comunicado.


Fuente: Público

El PP sigue boicoteando la Ley de Dependencia

MARCHA POR LA CALLE DE LA PAZ

Una vez más, cientos de valencianos han salido a las calles de las tres capitales de provincia de la Comunidad, (Alicante, Castellón y Valencia) para reclamar al Gobierno de la Comunidad Valenciana que deje de boicotear la aplicación de la Ley de Dependencia y que la ponga en vigor de forma inmediata.


Se calcula que ya han fallecido más de 13.000 personas sin haber percibido las ayudas por la desidia e irresponsabilidad del Partido Popular de Valencia, que se dedica, además de buscar la defensa tras haberles pillado en presuntas practicas delictivas, a gastar a manos llenas en grandes eventos que ya se ha demostrado que sólo benefician a unos pocos, y que dejan las arcas públicas al borde de la quiebra total. La Comunidad Valenciana es la más endeudada del Estado, y suma y sigue con el despilfarro.


En el PP valenciano hay una consigna, que es boicot a todo lo que venga del Gobierno de España, dígase educación para la ciudadanía, ley antitabaco, ordenadores para los niños, o ley de dependencia. En este último caso, a mi juicio la acción más grave, ya que está denegando ayudas y prestaciones a miles de valencianos que se encuentran en una situación precaria, con unas calidades de vida muy complicadas.


Hoy he estado de nuevo en una manifestación, con las plataformas de personas afectadas, porque creo que es una causa justa de apoyar al cien por cien; de igual manera el Partido Socialista Valenciano se ha sumado a la marcha, estando entre otros muchos dirigentes su Secretario General Jorge Alarte, la Secretaria General de la Provincia de Valencia Carmen Martínez, y la Portavoz en el Ayuntamiento de la capital Carmen Alborch.

JORGE ALARTE, CARMEN ALBORCH Y CARMEN MARTÍNEZ


Al pasar frente a la Catedral salían dos feligreses de escuchar misa, y al ver la protesta con lemas como “Camps dimisión”, se han puesto de muy mal humor aludiendo a que les cuidasen sus familias y que Valencia estaba preciosa; eso ha conllevado a enfrentamiento con varios manifestantes, concluyendo la reyerta con la expresión de la señora recién salida de misa de: “si estáis así joderos…”


Tras esta penosa anécdota todo han seguido en ambiente reivindicativo- festivo y navideño ya que se entonaban villancicos diversos.


Ojalá no haya más manifestaciones de este tipo, porque eso querrá decir que al señor Camps, le ha llegado la cordura, ha dejado de boicotear la ley, y ha permitido la arribada de las prestaciones a estos miles y miles de valencianos.

EN LA PUERTA DE LA GENERALITAT VALENCIANA


lunes, 14 de diciembre de 2009

Recordar para no olvidar

Hoy os traigo otro vídeo histórico cuyo visionado os recomiendo. Me le recomienda mi amiga y colaboradora eventual T.a.p. y en la página de youtube que lo encontró aparece esta información introductoria:


"Recordar para no olvidar" no es un título redundante para una sociedad con la memoria de un pez, sometida a miles de estímulos interesados en convertirla en un dócil contribuyente, que bajo los tópicos: no hay que remover el pasado, la reconciliación está por encima de todo, todos mataron, era una guerra, los dos bandos, aquello queda muy lejos, lo que importa es el futuro y otros muchos, no dejan construir una democracia sólida que sea capaz de resolver todo aquello que durante 70 años no se ha querido tocar. Y 70 años es demasiado ignorar. Recordar para no olvidar son 10 minutos de historia y reivindicación, que muchos de vosotros conoceréis sobradamente, pero que seguro que podéis reenviar a personas que desconocen algunos capítulos de nuestra historia más reciente. ¿Y por qué hacerlo?


Porque hartos de estar hartos ya nos hemos cansado, no de preguntar, como dice la canción, sino de pedir, exigir, demandar, mendigar justicia para los luchadores antifascistas y sus familias, para aquellos que defendieron la legalidad vigente republicana hasta las últimas consecuencias. Nos hemos cansado de tragar, de transigir, de claudicar en nombre de reconciliaciones nacionales que no fueron más que capitulaciones sin contrapartida alguna. Nos hemos cansado de que más de 30 años después de la muerte del fascista Franco se siga contando la historia, ya no para gloria de los vencedores, porque la corrección política lo impide (aunque César Vidal, Pío Moa y otros no se hayan enterado), sino para la justificación y no vergüenza de los mismos, que siguen yendo con la cabeza alta sin haber pedido perdón por ninguno de los crímenes cometidos durante los 40 años de dictadura y los primeros años de esta transición sin fin. Nos hemos cansado y estamos hartos muy hartos de tanta impunidad, de tanto engaño, de que los derechos humanos no amparen a nuestras víctimas, de ser utilizados y de no tener apenas voz y por supuesto de no tener voto a la hora de decidir que Ley de la Memoria queremos. Estamos cansados de equiparaciones inasumibles desde nuestra dignidad, cansados de esta democracia inmadura, de una monarquía impuesta por el franquismo que no podemos cuestionar, de que quieran marcarnos el camino de nuestras reivindicaciones.


Hartos de estar hartos ya nos cansamos de que los ignorados, olvidados, relegados, escondidos durante tanto tiempo no puedan recibir Justicia. Justicia para l@s torturad@s, vejad@s, esclavizad@s, fusilad@s, desaparecid@s, pasead@s, violad@s, robad@s, expoliad@s, explotad@s, exiliad@s, gasead@s, exterminad@s, encarcelad@s, clandestin@s, condenad@s al hambre, la miseria, la enfermedad hasta su muerte, secuestrad@s, encerrad@s en instituciones mentales, apalead@s, humillad@s y escarniad@s... Cientos y cientos de miles de víctimas. Justicia para los que tuvieron la dignidad de continuar la lucha por la democracia, delincuentes y asesinos para el régimen, que aún arrastran el estigma en este.


¿Y qué deberíamos hacer? pues lo que muchos hicieron, continuaron haciendo y siguen haciendo: pelear, y qué mejor arma que el conocimiento. Peleamos por todo lo que es noble por la paz, la justicia y el trabajo por la libre república del pueblo ¡peleamos!, ¡peleamos!


Pedro Garfias.

Ya no nos queda tiempo que esperar, ayúdanos a difundir, peleemos todos juntos.

Autor: noiterepublicana

Saludos. Juanjo.

martes, 8 de diciembre de 2009

Acerca de Marcos Ana
Cuando oí hablar de Marco Ana me interesó mucho su historia, por ello aquí os dejo una entrevista que se le hizo en el que relata parte de su vida. Para aquellos que no lo conozcáis.
Más sobre él en: www.marcos-ana.com

ENTREVISTA PUBLICADA EN LA PRENSA LATINOAMERICANA

Tengo la friolera de 87 años, aunque, como digo siempre, esos son años de edad. De vida tengo 64, que son los que quedan al restar los 23 que pasé en la cárcel. Entré con 19 años en mayo del año 1939 y salí en el año 1962 con 42. Soy la persona que más tiempo seguido ha pasado en las cárceles franquistas.

Yo procedo de una familia muy humilde. Mis padres eran campesinos sin tierra y analfabetos. Cuando tenía seis años, nos trasladamos a Madrid y nos afincamos en Alcalá de Henares. Allí viví mi adolescencia y mi juventud hasta que comenzó la guerra. No pude ir al colegio, ya que mi familia no tenía recursos y enseguida me tuve que poner a trabajar. O sea, que yo estudié prácticamente las cuatro reglas, como se decía entonces. Mis padres no pertenecían a ningún partido. Eran profundamente católicos. Eran tan sumisos que cuando pasaba el amo hacían la señal de la cruz, como si se tratara de un representante de Dios en la tierra. Por ese motivo yo en mi infancia era católico y, en mi adolescencia, más de una vez me sangraron las rodillas de hacer penitencia en las iglesias. Un día, sería el año 35, con quince años, asistí con un grupo de jóvenes católicos a un mitin de las Juventudes Socialistas en Alcalá para repartir nuestra propaganda. Me quedé escuchando lo que decía el orador y me di cuenta de que aquel hombre estaba hablando de mí, de mi casa y de mis problemas. Me empecé a interesar por lo que aquella gente decía. Pasé por un proceso de transición muy difícil. En esta época, a lo mejor durante el día estaba vendiendo los periódicos de las Juventudes Socialistas pero después no me acostaba sin hacer mis oraciones. Acabé afiliándome y, durante la guerra, me pasé al Partido Comunista. Todavía continúo defendiendo las mismas ideas. Hemos cometido muchos errores, sin embargo mi corazón sigue en el mismo sitio.

Al empezar la guerra, la JSU formamos un batallón al que llamamos batallón Libertad. Yo, con 16 años, era la mascota. Fuimos a la zona de Peguerinos, en la sierra de Madrid. A los pocos meses el ejército se regularizó, y a los menores nos enviaron a casa. Entonces me dediqué al trabajo político en Alcalá. Fui secretario general de esa comarca hasta el año 38. Ese año, los jóvenes tuvimos la idea de movilizar a los menores de edad. Organizamos dos divisiones de lo que se llamó Voluntarios de la Juventud. De vez en cuando aparecía el padre de algún chico y se lo llevaba de allí a caponazos. Era increíble, ¡chicos de 15 y 16 años movilizados! Cuando cumplí los 18 años me incorporé al ejército. Fui comisario político en una unidad. Después fui instructor de la juventud en el Ejército del centro hasta el final de la guerra. Se corrió la voz de que quienes tuviéramos responsabilidades políticas debíamos concentrarnos en el puerto de Alicante, porque nos iban a sacar de España. Nos concentramos a miles, pero nuestros barcos nunca llegaron. Los que llegaron fueron los de Franco. Y la División Littorio, que llegó por tierra. Nos atraparon a todos. Me llevaron al campo de prisioneros de los Almendros y, a los pocos días, me trasladaron al de Albatera, de donde me escapé, lo que resultó relativamente fácil ya que había muchísima gente. Conseguí llegar a Madrid y me escondí en casa de un amigo. A los pocos días un confidente me entregó a la policía. Me cogieron por ingenuo y por impaciente. En pleno año 39 estaba tratando de organizar la resistencia, contactando con los amigos. Uno de los que llamé se había hecho confidente y me denunció.

Me llevaron a la cárcel de Porlier, un antiguo colegio. Muchas veces me paseo por ahí y veo un espectáculo que me recuerda a nuestra época. Las madres van a buscar a sus hijos y eso me recuerda a cuando nuestras familias iban a recoger nuestros paquetes o a llevarnos los suyos. También iban a buscar los cuerpos de los que habían sido fusilados. Muchas veces las madres llegaban con el paquete y se tenían que volver. «No, señora, su hijo ha sido fusilado». Yo estaba condenado a muerte, lo habitual en esos días. Hasta tal punto, que cuando la gente iba al consejo de guerra al volver estábamos todos esperándoles para saber que condena traían. A lo mejor venían con los ojos llenos de lágrimas: «¡Treinta años! ¡Treinta años!». Y te abrazaban, porque traer treinta años de condena era una suerte, era evitar el fusilamiento.

Desde el principio empezamos a montar una organización clandestina en la prisión. Una organización muy cerrada y muy opaca. Cada miembro conocía sólo a dos compañeros, el que te pasaba las cosas y al que tú se las pasabas. En el año 43 creamos un periódico al que llamamos ‘Juventud’, destinado a mantener el ánimo de los presos y a mantenerlos informados. Estaba primorosamente hecho, incluso llevaba dibujos. Un día sorprendieron a un chico leyéndolo. El chico confesó y yo entonces decidí entregarme para evitar que cayera más gente. Estuve casi un mes en la Dirección General de Seguridad, donde me torturaron cruelmente. Me machacaron vivo, pero no delaté a nadie. La tortura es una pelea extremadamente difícil. Llega un momento en que temes por tu razón. El problema es que mientras tú estás bien, aunque te machaquen, si tienes moral, lo soportas. Lo malo es que pasa el tiempo y empiezas a temer, Por qué dices: «¿Pero hasta dónde voy a controlar mi cabeza?» Mi fortaleza era imaginarme mi vuelta a prisión. A mí, en la prisión, todo el mundo me quería. Me llamaban el chaval porque era de los más jóvenes, y todos me conocían. Yo pensaba: «Si vuelvo sin haber entregado nada, después de haber salvado la situación y habiendo resistido, ¡joé!, la gente me va a comer a abrazos. Pero ¿y si vuelvo después de haber hablado? No me voy a atrever a mirar a nadie a la cara, seré como un pelele, siempre solo en un rincón del patio» Eso era lo que me daba fuerza. Después de estas torturas, me condenaron por segunda vez a muerte. Cuando las penas de muerte se conmutaron por treinta años, a mí me cayeron sesenta.

Un día, cuando me encontraba en la Dirección General de Seguridad tirado en la celda, lleno de sangre y hecho un guiñapo, de repente sentí que me lanzaban un papel por el ventanuco. A rastras, como pude, cogí el papel. Era un retrato de Lenin, que alguien había arrancado de algún libro. Nunca supe quién me lo mandó. Lo cierto es que, para mí, desde ese momento, fue como si yo ya no estuviera solo. Como si alguien estuviera vigilando y controlando mi situación y mi comportamiento. Tenía el retrato enterrado bajo la arenilla del suelo de mi celda. Cuando bajaba, lo desenterraba y hablaba con él: «Mira, camarada, cómo me han puesto, pero no temas, que yo tendré fuerza suficiente para defender al partido». Un día, estando en el calabozo, oí unos gemidos y me asomé por el ventanuco de mi puerta. Vi que traían en brazos a un preso al que habían torturado. Me di cuenta de que aquel hombre estaba entregado. Que ya había confesado algo y que estaba vencido. Yo, que era todavía un niño, tenía 21 o 22 años, desenterré el retrato de Lenin y le dije: «Tú sabes que por nada del mundo me desprendería de ti, pero te necesitan en la celda número 27». Cuando me sacaron al servicio, pasé delante de su celda y le tiré la foto. Parecerá un milagro, pero al día siguiente, cuando oí que venía este preso, me asomé y observé que venía andando por su pie y en su mirada había una luz tensa y distinta a la del día anterior. Aquel hombre se había rehecho. Recibir la fotografía lo resucitó. Años después, en la cárcel de Ocaña, oí a un hombre contar la historia. Entonces me di a conocer. «¡Yo soy el que te pasé la foto!» Me confirmó que ya había denunciado a alguien y que, cuando se encontró con el retrato, se golpeaba contra la pared, desesperado. Muchos años después, en Moscú, visitando el museo de Lenin, Yeltsin me enseñó el papel en el que yo escribí esta historia junto a la famosa fotografía de Lenin con un pionero en la Plaza Roja. Se lo enseñaban a todos los españoles.

En la prisión, en un primer momento, lo único importante era sobrevivir, hasta el punto de que en Porlier, al poco tiempo de entrar, no quedaba ni un hierbajo en el suelo. Las hierbas del patio las cogíamos, las metíamos en agua a hervir y nos las comíamos como podíamos. Muchas mañanas te encontrabas con que, no sólo faltaban los compañeros que habían fusilado, sino que también muchos aparecían muertos a tu lado, de hambre o de frío. La situación cambió coincidiendo con el fin de la Guerra Mundial. Nuestras familias se habían rehecho y nos podían ayudar. Europa pudo volver sus ojos a España y se empezaron a organizar comités de amnistía, socorro popular… Y comenzó a llegar algo de esta solidaridad, que nos ayudó a sobrevivir.

En esa época empezamos a estar más tranquilos y más alimentados y gracias a eso empezamos a organizarnos mejor. Éramos como un estado dentro de otro estado. Montamos clases clandestinas. Teníamos cientos de libros escondidos. Era muy fácil introducir libros en la cárcel. Lo difícil era mantenerlos ocultos. Lo que hacíamos era coger de entre los libros de la biblioteca de la cárcel, casi todos religiosos, el libro más parecido al que queríamos camuflar. Desencuadernábamos los dos libros, cogíamos las tapas del libro legal con las cien primeras páginas, que era donde aparecían el sello de la cárcel y las firmas del director y del capellán e íbamos intercalando cien páginas de nuestro libro y cien del otro y así sucesivamente. Como teníamos buenos artesanos, componíamos de nuevo el libro que, por fuera, era La historia de Santa Genoveva y, por dentro, El capital. Teníamos de todo, y todo clandestino. Había una escuela de pintura e incluso organicé una tertulia literaria en los últimos tiempos. También hacíamos una revista, que sacábamos de la cárcel y que se reproducía y se difundía fuera.

La cárcel fue mi universidad. Conocí a mucha gente. Coincidí con Buero Vallejo y con Miguel Hernández entre otros muchos. Miguel Hernández era una persona entrañable, murió de franquismo en la prisión de Alicante en el año 42. Unos años después le hicimos uno de nuestros homenajes: Esperábamos a la noche, a que cerraran las galerías. Entonces montábamos un pequeño escenario con mantas y sábanas. En las ventanas algunos presos se dedicaban de la vigilancia y así, en el silencio terrible de la cárcel, hacíamos los homenajes. El de Miguel Hernández lo titulamos Sino sangriento, que es el nombre de uno de sus versos. Tenía tres actos, con los nombres de tres de sus libros: El rayo que no cesa, Vientos del pueblo, que trata de la guerra y Cancionero y romancero de ausencias, que era el de la cárcel. Unos narradores relataban los hechos y una pequeña banda de música se colocaba detrás del escenario con sus instrumentos realizados con los palos de las escobas y con cosas así. Era muy ingenioso: se cortaba un trozo de escoba de caña. Unas gomas sujetaban un papel de fumar en cada punta y se le abrían unos orificios. Sólo con eso salía una música preciosa, que era como un zumbido, pero muy bonito. Una cosa tremenda. Esa bandita, compuesta por cuatro o cinco personas, iba poniendo música a determinados pasajes. Cuando los locutores contaban la parte de la guerra de España y de los soviéticos se oía La Internacional. Con los franceses y André Martí… se oía La Marsellesa. Los mexicanos con Siqueiros y tal… Se oía La Cucaracha. Todo a media voz. Se titulaba Homenaje a voz ahogada a Miguel Hernández. Fue algo impresionante, en medio del silencio de la prisión. De vez en cuando, oías el «alerta» de los centinelas desde las garitas. Toda la noche: «¡Alerta el uno!, ¡Alerta el dos!, ¡Alerta el tres!» Eso se hacía para que el cabo de guardia supiera que no se había dormido ninguno de los centinelas. Hicimos otros homenajes a Rafael Alberti y Neruda. Creo que jamás se podrá concebir un homenaje más emocionante que éste.

Ésta fue mi escuela y la de mucha gente, y así pasé los años de prisión. Hoy miro aquello casi con nostalgia, «¡Joder, aquélla fue una de las épocas más hermosas de mi vida!» Sabías que el futuro te pertenecía, aunque estuvieras sufriendo y te pudieran llenar la cabeza de plomo, aunque te tocara caer, pero nos parecía que el futuro era nuestro. Se vivía con esperanza. El talón de Aquiles del preso era la familia. Si veías a alguno triste, preocupado, andando solo por el patio, es que su familia tenía algún problema.

Empecé a escribir en la década de los cincuenta. Todo empezó porque me sacaron de la galería y me llevaron castigado a celdas. Allí estaba aislado. Los funcionarios te sacaban el petate por la mañana y no te lo devolvían hasta la noche para que fuera imposible tumbarse durante el día. Entonces los compañeros, los destinos, que eran quienes barrían y hacían la limpieza, se encargaban de introducir comida o lo que fuera en el petate antes de devolvértelo. Una de las veces me metieron unas hojas arrancadas de libros de Rafael Alberti y de Neruda. Las manoseaban antes para que el sonido del papel dentro del colchón fuera imperceptible, porque los guardias a veces lo inspeccionaban para ver si notaban algo raro. Releí aquellas hojas más de mil veces, y eso me creó un clima un poco particular, que hizo que empezara a escribir con un pequeño lapicero que me habían pasado. Cuando salí de celdas me animaron a continuar diciéndome que lo que había escrito estaba muy bien. Lo sacamos al exterior, como el náufrago que lanza un mensaje al mar en una botella sin saber si va a llegar a algún destino. No le di más importancia. Tiempo después, llegó un paquete de México, en el que nos mandaban revistas y otras cosas que nuestras familias nos pasaban clandestinamente. Entre todas esas cosas, venía un librito mío, con ocho o diez poemas. Aquello me hizo pensar que esta era una forma más de ayudar a que la gente comprendiera nuestra situación. Entonces pensé que debía adoptar un nombre para firmar mis cosas. Pensando en mis padres me puse Marcos Ana. A mi padre lo habían matado en la guerra y mi madre murió, la pobre, cuando me condenaron por segunda vez a muerte. Anduvo deambulando por la puerta del penal de Burgos intentando verme. No lo consiguió. La encontraron muerta en una zanja. Poco a poco empecé a contactar con los poetas en el exilio. María Teresa León y Rafael Alberti, se valieron de que Paco Rabal pasaba por Buenos Aires y le dieron una pequeña nota, que me pasaron dentro de un tubo de pasta, que decía: «Cuéntanos algo de tu vida». Entonces les compuse un pequeño poema:

Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo donde a veces pasan
una nube perdida y algún pájaro
huyendo de sus alas.

A partir de aquel poema, que titulé Mi corazón es patio, empecé a ser conocido fuera de las cárceles. En el extranjero la campaña en mi defensa fue muy fuerte. Entonces el Gobierno promulgó un decreto, según el cual las personas que llevaran más de veinte años ininterrumpidos en prisión serían excarceladas. Fue una cosa insólita, ya que fui el único al que le afectó. Normalmente, nadie estaba en prisión más de veinte años o, como mínimo, se entraba y se salía cumpliendo la condena en dos o tres veces. Pero yo estaba condenado a sesenta años y fui el único que salí de la cárcel gracias a ese decreto.

Cuando conseguí la libertad a finales de 1961, salí en los periódicos de todo el mundo. Fraga, que entonces estaba en el Ministerio de Información y Turismo, reaccionó con un folleto que se titulaba: Marcos Ana, asesino, en el que me atribuían todo lo que había pasado en Alcalá de Henares durante la guerra. Si eso hubiera sido cierto, me hubieran fusilado muchos años atrás. De todas maneras, sólo puedo agradecérselo, porque eso me dio todavía más publicidad.

Sabía que el aparato clandestino francés iba a venir a buscarme. Estuve unos días en Madrid, en casa de mi hermano, hasta que vino a buscarme un matrimonio francés. Querían que me aprendiese de memoria mi nombre en francés, pero yo ni me aprendía mi nombre ni nada. Entonces, la mujer me puso una bufanda, me tapó un poco y salimos. El coche era de una marca importante y el hombre iba ataviado con gorra y uniforme de chofer. La mujer se sentó detrás conmigo y, cuando llegamos a Irún, le dijo al guardia: «Por favor, dése prisa porque mi marido está enfermo». Y así, con pasaporte falso, pasamos la aduana. Cuando llegué, lo primero que hice fue organizar el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE) presidido por Picasso, pero dirigido por mí. Había muchísima gente: Yves Montand, Piccoli, Jean
Paul Sartre, Jean Cassou… Desde allí empecé a organizar las campañas de solidaridad internacional. He viajado por casi todo el mundo. Mi vida ha sido muy intensa y apasionante. Me ocurrieron cosas muy graciosas. Siempre he parecido mucho más joven de lo que soy. Salí de la cárcel con 41 años, pero sin embargo parecía que tenía veintitantos. En una ocasión, había ido a Inglaterra para pronunciar una conferencia en el parlamento. Me acompañaba un intérprete, que era un ex brigadista, profesor de español que tenía lesiones de guerra y estaba cojo, e iba con un bastón. Tendría 45 años, pero estaba muy envejecido. Cuando nos hicieron pasar, yo, como siempre he sido nervioso, entré deprisa, subiendo la escalera a gran velocidad. Me extraño que nadie se moviera cuando aparecí en el escenario. Cuando, unos segundos después, entró el intérprete con su bastón, cojeando, todo el mundo se puso en pie, aplaudiendo. Para un inglés era inconcebible que yo, que parecía un jugador de rugby, hubiera estado 23 años en la cárcel, torturado y condenado a muerte, tenía que ser el otro, que iba con su bastoncito.

Estas conferencias nos permitieron dar a conocer nuestra lucha. Solían preguntarme qué había sido lo más difícil. Lo más difícil para mí, después de tantos años de prisión, fue la libertad. Yo en la cárcel sabía vivir. Era como un pedazo más de aquellas piedras. Lo difícil fue salir a los 41 años, después de 23 encarcelado. Fue como si me hubieran abandonado en un planeta extraño. Para mí fue una cosa tremenda: la adaptación a la vida, a la libertad… Fue lo más difícil. Al principio, vomitaba los alimentos, no podía subir a los vehículos, incluso los ojos se me enrojecieron, puesto que el nervio óptico, en la prisión, se va retrayendo. Como se tienen paredes o muros delante en todo momento, se acostumbra a enfocar siempre cerca, y va perdiendo facultades. Si estaba en una habitación o en una calle donde hubiera edificios altos, la vista se protegía y estaba tranquilo. Pero cuando salía al campo me mareaba, como si me hubieran puesto unas gafas que no eran mías. Fue un tiempo difícil, porque no conocía y no entendía muchas cosas del mundo al que había salido. Tenía conciencia de que era un ser adulto, pero, al mismo tiempo, tenía la candidez y la inexperiencia de un adolescente. Por ejemplo, nunca había estado con una mujer. Cuando salí en libertad, uno de mis amigos vio que me quedaba atontado mirando a las mujeres por la calle. Salimos una noche juntos a un cabaret y él pensó que lo que más ilusión me haría sería irme con una mujer. De modo que cogió a una chica, le dio mil pesetas y le dijo: «Toma, para que te vayas con mi amigo». Cuando me quedé a solas con esa chica, yo quería que me tragara la tierra, porque no sabía cómo comportarme. Ella se creía que estaba borracho y cuando intentó devolverme el dinero, tartamudeando, le conté lo que me sucedía. Que había pasado 23 años en la cárcel, no conocía a ninguna mujer y ésa era mi primera experiencia sexual. Ella me dijo: «Mira, yo voy a perder contigo unos cuantos miles de pesetas». Dimos un paseo. Luego me llevó a cenar a la Torre de Madrid. Lloró conmigo cuando le contaba las cosas de la prisión. Recuerdo que me besaba las manos llorando. Le hablaba de un mundo que ella desconocía. Luego fuimos al hotel. A pesar de mi timidez y de todas mis inhibiciones, esa mujer consiguió con una ternura y una humanidad extraordinarias que yo hiciese el amor por primera vez.

Me despertó por la mañana. Había traído chocolate con churros. Me marché a casa con un nudo en la garganta, sabiendo que esa noche no tendría dinero para volver con ella. Al llegar, descubrí en mi bolsillo las mil pesetas y una nota que decía: «Para que vuelvas esta noche». Estuve todo el día haciendo tiempo, deseando que llegaran las ocho o las nueve de la noche para poder ver de nuevo a esa mujer. Pero, poco a poco, me fue asaltando la idea de que si la veía se iba a romper el encanto de la noche anterior. Esas mil pesetas las había ganado ella, y, si iba a verla con ese dinero, yo iba a tratarla como una prostituta, es decir, que yo iba a prostituirla más. Decidí no ir, pero continuamente sentía la necesidad de volverla a ver. Me decía: «Qué importa. Ella conoce todas las noches a cuatro o cinco o diez hombres. ¡Qué le importará a ella!» Mientras deambulaba, pasé por delante de una floristería y, sin pensarlo demasiado le dije a la mujer: «Mil pesetas de flores». Hicimos un ramo enorme, y lo dejé en el hotel con una tarjeta con su nombre, Isabel Peñalva. No la olvidaré nunca.

En el CISE, en París, estuve hasta que murió Franco. Bueno, en realidad no volví hasta finales del 76, porque yo fui de los últimos a los que proporcionaron el pasaporte. Cuando volví a España, me tuve que ir inmediatamente a Burgos, a encabezar la lista de diputados comunistas en esta provincia, como símbolo de los miles de demócratas que habían dejado su vida en el penal de esta ciudad. No salí elegido, ya que Burgos era muy difícil. Luego, el partido me puso al frente del departamento de Solidaridad Internacional. Se decía: Ayer por España; hoy España por los pueblos. Yo me sentía un hijo de la solidaridad y quería devolver la solidaridad que a mí me habían prestado en la cárcel y en el exilio.

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Cinco erres para mover la economía, por Antón Costas

Dice un refrán que "a perro flaco todo son pulgas". Algo así le ocurre
a la economía española. Hasta hace un poco más de un año era un
ejemplo a imitar, un "milagro económico". Crecía, creaba empleo, tenía
estabilidad presupuestaria y de precios. Tenía algún defectillo
congénito, como era su escasa productividad, pero en todo caso era una
enfermedad asintomática que no impedía crecer. Pero una vez ha entrado
en recesión, todo son males y defectos.


La crisis financiera y el fallo de los bancos en suministrar ese bien
público que es el crédito (¿qué haríamos con las empresas eléctricas
privadas si dejasen de suministrar el servicio público?) han traído el
hambre de consumo e inversión. Ahora todo son parásitos, como el
desempleo y la pobreza, y defectos estructurales. ¿Qué hacer?
¿Aprovechamos para reformarla, o primero remediamos la debilidad del
sector privado con más gasto público, aunque para ello tengamos que
endeudarnos?


Acogiéndose a lo de que "nunca se debe desaprovechar una buena
crisis", algunos priorizan reformas profundas aun antes de que el
enfermo se recupere. El riesgo es que haya que decir lo del cirujano
cínico: "La intervención fue bien, pero el paciente murió". En sentido
contrario, es sorprendente la cantidad de males y defectos que
desaparecen con una buena alimentación.


Para hacer que la economía vuelva a funcionar va bien pensar en una
estrategia con cinco R: rescate, recuperación, reconversión, reforma y
reequilibrio.
La magnitud del desplome del valor de los activos inmobiliarios y el
peso que las operaciones con esos activos tenían en el balance de los
bancos amenazaron hundir el sistema financiero. La primera tarea tenía
que ser, y sigue siendo, salir al rescate de los bancos, utilizando
público. Los bancos son un bien público, pero los banqueros no. El
hecho de que se utilicen recursos de los ciudadanos para remediar los
desaguisados de directivos muy bien pagados que no se hacen
responsables de sus fallos ha generado una justa indignación. Más allá
de la crisis, ésta es una de las grandes cuestiones pendientes que nos
deja esta crisis financiera.

La siguiente R es la recuperación de la actividad económica. Una
economía de mercado no funciona si no existe consumo e inversión
privada. Cuando desaparecen, como es el caso, hay que salir al rescate
de la demanda. Eso genera más gasto público y, como con la crisis caen
los ingresos por impuestos, también más déficit.


¿A qué damos prioridad a corto plazo, a la recuperación o al déficit?
Imaginen a un piloto de una aerolínea con problemas que cuando el
avión aún está despegando decide sacar potencia a los motores para
ahorrar combustible. El desastre. El conflicto entre recuperación y
déficit hay que resolverlo en el medio plazo.

La tercera R es la de la reconversión industrial y financiera. Una
recesión no es sólo una simple caída temporal de la demanda. Al
contrario, es como un vendaval que a la vez que se lleva por delante
empresas y modelos de negocio obsoletos, libera energías acumuladas
que hacen surgir nuevos negocios y empresas. Más de la mitad de las
grandes empresas de la lista de Fortune nacieron durante una recesión.
Esta "destrucción creadora" obliga a sectores y empresas a
reestructurarse o desaparecer.
Eso es lo que ocurrió, como recordarán los menos jóvenes, en los años
ochenta, cuando tuvimos que llevar a cabo una fortísima reconversión
industrial. Lo mismo hay que hacer ahora con el sector de la
construcción o el turístico, entre otros. Han de transformarse desde
modelos de negocio que en muchos casos son aún artesanales en
verdaderas industrias. Como dije aquí en otra ocasión, se trata de
mejorar el "modelo" productivo, no de cambiarlo. Eso exige una
profunda reforma empresarial, en la que los protagonistas son los
empresarios y trabajadores. Pero el sector público ha de ayudar
mediante planes que fomenten esa reconversión y la reforma. Planes que
también generan déficit público.

La cuarta R es la de la reforma de las instituciones y reglas que
rigen la conducta de los agentes económicos, pero también de los
actores políticos. Pretender que todos nuestros problemas se arreglen
reformando las formas de contratación laboral o las pensiones es un
despropósito, reflejo en muchos casos de una cierta pereza
intelectual. Los problemas con las instituciones y reglas van más allá
del mercado laboral. Una reforma evidente es la de los mecanismos de
retribución de altos directivos. Si no se contempla la reforma desde
una perspectiva amplia, la percepción de injusticia y agravio
bloqueará cualquier avance en este terreno.

La última R es la del reequilibrio de las cuentas públicas. Es de
sentido común que no se puede vivir mucho tiempo con niveles elevados
de déficit y deuda. El riesgo sería la "portugalización" o
"italianización" de nuestra economía, en el sentido en que esos dos
países se estancaron a inicios de esta década por su elevado déficit e
corto plazo vayan acompañados de políticas de recuperación,
reconversión y reforma creíbles. Y que el reequilibrio afecte tanto a
los ingresos como a los gastos. De hecho, hay margen para hacer de los
gastos un instrumento socialmente más equitativo y eficiente.

¿Cuál es la estrategia más adecuada para combinar esas cinco R? Los
manuales no nos lo dicen. La respuesta pertenece al campo del "arte"
de la política. Tiene mucho que ver con el "olfato clínico" de los
políticos, con su intuición acerca de lo que en cada momento es
socialmente aceptable. Y con su decisión para hacerlo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La tolerancia a la corrupción

Hoy os dejo una colaboración de una amiga, aunque prefiere permanecer en el anonimato:

Explicaciones psicológicas sobre la tolerancia hacia la corrupción:
el fenómeno de la disonancia cognitiva

Dicen las encuestas que de celebrarse hoy unas elecciones de ámbito autonómico en la Comunitat Valenciana el Partido Popular revalidaría, e incluso mejoraría sus resultados electorales del año 2007. Otras estimaciones generalizan esta tendencia en otros fortines del PP, Madrid y Murcia, donde los populares parecen no tocar techo y los socialistas aún buscan su suelo. En plena vorágine "Gürtel" Valencia, Murcia y Madrid resisten y mejoran las expectativas de los Camps, Aguirre y Valcárcel. ¿Qué está pasando? Algunos siguen sorprendiéndose, quizá esperando que la madurez de la sociedad explote en un halo de indignación. Presuponer cierta maduración en una ciudadanía que viene de probar las excelencias del dinero negro, la pillería comercial y la especulación, es mucho suponer. La izquierda no puede esperar que el ciudadano medio termine racionalizando que la corrupción es uno de los grandes males de nuestra economía. Ese parece el papel de PSOE y otros partidos progresistas: guardar silencio, exigir respeto a las instituciones y mojarse poco o nada, que los jueces ya decidirán. Las responsabilidades políticas se cobrarán solo después de que la justicia se pronuncie. Ese parece el plan. Y éstos son los resultados.


La izquierda vuelve a pecar de omisión desperdiciando la oportunidad de crear una corriente de opinión que termine calando en la calle. Se desprecia el debate ideológico, se renuncia a la pedagogía necesaria que explique al ciudadano los efectos de la corrupción generalizada, y se permite que la derecha cuele sus propios debates, la persecución de los fiscales y del gobierno, creando sospechas que cristalizan en la opinión pública de los ciudadanos, sobre todo cuando las acusaciones no se topan con respuestas contundentes desde filas socialistas. Se desprecia, y ése ha sido un gravísimo error, el potencial contaminante de las teorías de la conspiración. Por ejemplo en la Comunitat Valenciana una inmensa mayoría de ciudadanos creen y piensan que las operaciones contra la corrupción están dirigidas maliciosamente por el gobierno. La corrupción no se paga, entre otras razones, porque la gente siente que la justicia no es independiente y está politizada y dirigida por el gobierno de turno. Con una pizca de propaganda, los supuestos corruptos terminan vendiendo un victimismo regionalista "nos persiguen porque aquí no les votan" que cala en una sociedad necesitada de "causas en común", sobre todo cuando los gobernantes crean "enemigos exteriores" (los catalanes, los vascos, los manchegos, etc).


Si los ciudadanos terminan asumiendo las teorías de la conspiración como una explicación lógica, se debe principalmente a un fenómeno que en psicología denominamos "disonancia cognitiva", un término acuñado por Leon Festinguer que hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias, emociones y actitudes (cogniciones) que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas. El ciudadano termina asumiendo aquella idea o creencia que mejor se acopla a su sistema de valores y decisiones predominante en ese momento. "Creo a quienes he votado a pesar de las sospechas, de lo contrario estoy reconociendo que me he equivocado apoyando a unos corruptos, ergo mantengo mi creencia de que no son corruptos, es una persecución política". Llevar años defendiendo unas políticas (y a unos políticos) y que de un golpe unos hechos te demuestren en la cara que te has equivocado genera una tensión intelectual enorme, y ahí radica el "periodo de debilidad" del potencial votante. Está confuso, y el político que antes lance un argumento que reduzca esa tensión se llevará el gato al agua. El único discurso es el de la teoría de la conspiración: consecuencia, ya no hay disonancia, el PP se ha ganado de nuevo la confianza. He ahí una explicación psicológica de la resistencia a la condena rotunda a la corrupción. He ahí otra explicación de la pérdida de apoyos al gobierno por parte de votantes socialistas: sufren disonancia cognitiva cuando defienden que este gobierno proteje a los trabajadores y clases medias, y de golpe, se encuentran con que el gobierno "ayuda" a la banca y sube los impuestos indirectos (?).


Manejar estos conceptos es imprescindible en cualquier gabinete de comunicación en un partido. Hacer mucha pedagogía y generar opinión e información es crucial, y la izquierda no parece estar por la labor. Cualquier transformación social, y por ende electoral, nace de una perspectiva psicológica individual y combinada. La izquierda no busca corregir la disonancia ni rebate los argumentos falaces de la derecha política y económica; peor aún, no cuenta con un arsenal de poderosos argumentos persuasivos, ni con una estrategia definida que asegure un cierto éxito a medio largo plazo. No se entiende que la izquierda española no haya sabido conectar el debate de la corrupción con las causas y los efectos de la crísis. No solo no sabe disminuir los efectos de la disonancia cognitiva en los debates que podrían denominarse "defensivos" para sus propios intereses (potenciales votantes desencantados), sino que no es capaz de generar a su vez disonancias cognitivas en los debates "al ataque" que se deben plantear para pescar en el caladero de los votantes indecisos del "centro". ¿No se podría generar tensión emocional en aquellos que piden ayudas del estado mientras apoyan con sus actos y decisiones a quienes despilfarran fondos públicos? Seguramente sería un camino a seguir, pero se encontrarían otros a sumar para lograr resultados positivos en la opinión pública. Pero la izquierda tiene que entender de una vez por todas que esos debates hay que generarlos, no caen del cielo ni Génova te los va a servir en bandeja. Esta disonancia no la sienten valencianos, ni murcianos, ni madrileños porque el PP ha logrado neutralizarla con sus teorías y propagandas. Ese es el problema. Y la izquierda, no sabe no contesta.



Saludos.

jueves, 1 de octubre de 2009

¿Aprecian los ciudadanos el gasto social?

Hoy os dejamos un artículo de Fran, un compañero que tiene mucho que decir:

Me pregunto si los ciudadanos más humildes de este país aprecian y reconocen el esfuerzo de los gobiernos socialistas por incrementar el gasto social. Si al fin y al cabo, ven en este discurso como un acto de justicia social y redistributiva o como una milonga que no les interesa y que les suena a chino, a propaganda barata, a eslogan tontorrón. Si me tengo que basar en mis conversaciones, anécdotas y apreciaciones, la respuesta es evidente: a la gente, incluso a la más humilde, el gasto social como concepto ni le va ni le viene, es como hablarles en chino. Tenemos, y esto es evidente, una sociedad que no aprecia, y a veces desprecia, el Estado del Bienestar como concepto y realidad. Hemos interiorizado tanto nuestros derechos que hemos olvidado que los mismos se sustentan en unas decisiones políticas concretas que se financian y materializan en presupuestos vía recaudación fiscal.

En resumen, exigimos nuestros derechos pero cada vez son más los ciudadanos que se resisten a financiarlos. Ese ha sido el éxito de la derecha, se ha apropiado de los logros sociales de la izquierda cuando hasta hace bien poco, los combatían.

Esta es la verdadera batalla de la izquierda y la explicación de su derrumbe en toda europa. No hemos sabido poner en valor las ventajas del Estado del Bienestar. No hemos dibujado a los ciudadanos cómo sería nuestra sociedad sin un sector público potente, el mismo que te recoge la basura para que tu barrio no sea un estércolero o el que permite que tus hijos tengan una educación o una sanidad gratuitas por derecho. Los valores del neoliberalismo, el crecimiento por encima de todo, la aspiración a una riqueza que te permita pagar servicios privados, el "nuevo-riquismo", han ganado definitivamente la batalla ante la pasividad de una izquierda que no ha sabido contrarrestar con efectividad los mensajes conservadores. Y todo nace por no poner en valor lo que tenemos, un Estado del Bienestar que es admirado en todo el mundo. ¿Ha dado la talla la izquierda española y europea en este sentido? A la vista de los resultados electorales, parece que no hay discusión. A la vista de la multitud de obreros y trabajadores de origen humilde que besan las tésis del liberalismo económico más neocon, la conclusión es muy preocupante.

Tenemos una sociedad "neoconizada". Uno llega a preguntarse si sirve de algo la buena voluntad del gobierno socialista por aumentar los derechos sociales y las coberturas correspondientes. Si las personas que reciben 2500 euros por el nacimiento de un hijo realmente valoran la medida o la ven como un cheque-voto. Yo he visto a gente despreciar el dinero de una beca o mofarse de las ayudas al alquiler. Desde luego utilizan dichas ayudas, pero no las valoran. ¿Cómo vencer dicha evolución social y cómo volver a poner en valor los beneficios del Estado del Bienestar? Esa es la pregunta clave. He repetido hasta la saciedad la que considero que es la fórmula magistral: hablar del Estado del Bienestar en término de beneficios/ahorros directos en el ciudadano. Es la única forma de volver a enganchar a nuestros potenciales votantes, aquellos que partiendo de una simpatía ideológica fueron arrastrados por las promesas de dinero fácil y para todos.

Tenemos que darle la vuelta a nuestro discurso y bajar al nivel de entendimiento de los ciudadanos: los euros. Sí, tenemos que hablar y hacer pedagogía sobre los servicios públicos o las ayudas sociales desde la vertiente puramente económica y doméstica.

"¿Qué gano, qué pierdo, qué me ahorro?". Es la respuesta a la pregunta universal "¿qué hay de lo mío?". Esta es la terminología que sistemáticamente ha despreciado la izquierda, hablar de euros, de money money, de ahorro, de dinerito fresco en el bolsillo. No han entendido las izquierdas que el poder del dinero todo lo puede, seas de clase media, baja o alta, esto es así y no hay distinción. Todos esperamos del gobierno mejoras
en la calidad de vida, y la mayoría, espera que eso se traduzca en un alivio para el bolsillo. Es por esto que la derecha económica y social gana la partida: rebajas de impuestos, aumento de deducciones por compra, etc. La izquierda se dedica a hablar de gasto social, ¿y qué demonios es el gasto social si no tengo empleo y no llego a final de mes? Gasto social termina siendo uno de esos términos manoseados por los políticos, como "reformas estructurales". La izquierda debe modular el discurso.

Lo he dicho en más de una ocasión y a riesgo de repetirme, insisto. Alguien debería dibujar, con cifras y argumentos válidos, cómo sería nuestra calidad de vida sin esas ayudas sociales y derechos laborales. Quizá así los ciudadanos empiecen a poner en valor lo que significa el Estado del Bienestar. Porque solo lo harán cuando se les diga claramente lo que ganan y ahorran con su mantenimiento y fortalecimiento. Podríamos dirigirnos a los ciudadanos y decirles que sin una sanidad como la española tendrían que pagar un seguro privado que puede rondar los 700 euros al año por persona. O que un año de escolarización de sus hijos, puede ahorrarles 300 euros al mes, que es lo que cuesta una enseñanza privada. Que sin impuestos, cuando quiebre un negocio o alguien se quede en un paro, se quedaría en la más abosluta miseria sin derecho a protección. Y así con todo. En resumen el Estado del Bienestar es el garante de la redistribución de riqueza que discurre desde las rentas más altas hacia las rentas más humildes.

En realidad "los más pudientes" están soportándo la mayor carga impsoitiva para que "los más pobres" no tengan que pagar nada por recibir servicios públicos de calidad que sin el apoyo del Estado no recibirían. Ese es un concepto muy populista y por lo tanto, interesante para utilizar.

Si empezamos a vender mejor nuestro producto, seremos convincentes. Cuando tengamos que luchar por una red de guarderías en nuestras ciudades, tendremos que venderlo como un ahorro mensual por familia de 300 euros: 300 euros que usted se ahorra con guarderías municipales, los 300 que usted paga por hijo para una guardería privada. Porque es posible vender el Estado del Bienestar y es posible ponerlo en valor.

Es posible volver al debate ideológico de que las rebajas de impuestos indiscriminadas adelgazan el Estado del Bienestar que mantiene protegidos a una mayoría de ciudadanos. Es posible volver a convencer si tocamos el bolsillo de los ciudadanos. Si les explicamos cómo serían sus vidas sin becas, ayudas y prestaciones, y cómo puede ser (todavía mejor) si avanzamos por ese camino. Se puede conseguir si jugamos con inteligencia para movilizar a nuestra base social. La izquierda debe renacer para resultar convicente y recuperar la confianza de una mayoría de ciudadanos.

PD: Flaco favor, entonces, hace el vaivén del gobierno Zapatero con los impuestos y la política de comunicación. Así vamos directos a la derrota.
Fran